Después de ejercer el periodismo por el mundo, conflictos bélicos incluidos, una canadiense que se confiesa navegante, apasionada por el mar, decidió hacer residencia en el país, atraída por el mágico encanto de la Ciudad Colonial de Santo Domingo y la posibilidad de vivir en ella, sin alejarse ni apartar la vista de ese mar que siente indispensable en su vida.

Vista del corredor que bordea un espacio que simila un patio español y bordea la vivienda
Mientras buscaba el lugar que respondiera a sus exigencias y tras descartar propuestas, se le presentó la posibilidad de adquirir uno de dos apartamentos, aún sin construir, que se ofertaban en la azotea de un edificio originalmente concebido para tres niveles, de los cuales sólo se concluyeron dos, en 1945.

La emoción no pudo ser mayor cuando fue a conocer el “terreno”. En un momento visualizó todo el panorama antiguo, de belleza singular, casi perfecta. Los techos coloniales, las torres, los campanarios de las iglesias y la vista impresionante del convento de los Dominicos. Pero al voltear al Sur, el paisaje completó el golpe de efecto: allí estaba el mar en toda su extensión, mejor aún, enriquecido por la desembocadura del río Ozama. Allí estaba todo lo que ambicionaba, así que sólo atinó a preguntar a la ingeniera Felicia Rodríguez, que le acompañaba, si en lugar de los dos apartamentos podría construir un proyecto único. A la respuesta afirmativa, agregó: “pues yo los quiero, constrúyame solo uno”.

La ingeniera emprendió la obra junto a la arquitecta Flérida González. Implicó la remodelación de los planos para adecuarlos a las nuevas exigencias a partir de la base ya existentes en los primeros dos niveles. La cliente aportó muchas ideas que se sumaron a las de las profesionales en la ejecución de la nueva vivienda, asombrosamente levantada en apenas seis meses.

Debido a que el edificio no es colonial, ya que data de 1945, el estilo de la nueva construcción no se ajusta a ese período aunque toma sus elementos como inspiración. Además, los requerimientos de Patrimonio Cultural que vela celosamente porque se cumplan las regulaciones en la zona, impedían una fachada divorciada de la edificación y el entorno, prohibe la construcción sobre el tercer nivel y cuida que continúe con las escalas ya existentes.

El equipo, logró armonizar el anexo al conjunto respetando los ángulos rectos del exterior y aportando las curvas tan características de las construcciones coloniales a través del trabajo en madera sobre puertas y ventanas. Lo que en los planos separaba a los apartamentos en dos, se resolvió con una gran arcada que integra a la vez delimita los ambientes que conforman las áreas sociales.

Precisamente a las áreas sociales, dos en total, se llega con dos puertas, ubicadas en ambos extremos de una amplia terraza frontal, y que se proyectan hacia un corredor central que se divisa tras los salones y semeja un patio español en torno al cual giran las habitaciones y permiten recorrer toda la vivienda sin tener que devolverse o atravesar alguna habitación.

 

A la parte derecha de los salones de recibir y estar se integró la cocina a través de un bar como forma que al trabajar la propietaria en ese espacio no significara la interrupción de las actividad social y de adaptar aún ese lugar a su concepto de una casa sin fronteras ni barreras, que se recorre sin que ninguna puerta lo impida, ya que sólo fueron destinadas a los baños y dormitorios. Vigas de madera en la cocina y el corredor cumplen una función estética y rompen un poco el espacio angosto de los pasillos en los que se colocó el piso en forma diagonal para surtir el mismo efecto.

El centro rectangular del corredor, que sugiere un patio español, fue dejado al descubierto por lo que permite en el interior, disfrutar el sol, la brisa y la lluvia. Mientras la terminación en ladrillo, jardinera cultivadas y tope de madera complementan el efecto natural, que produce la sensación de estar en una casa o en el primer nivel del edificio de apartamentos.

Todo el mobiliario y la decoración responde a una mezcla armoniosa de elementos acumulados por la periodista en los países donde ha residido, en especial del sudeste asiático, por lo que además de ecléptico por la variedad en su procedencia y diseños, responden a un estilo particular de vida.

La inspiración marítima no escapó al bar rústico y artesanal que integra y delimita la cocina. Al color de la madera se dio un acabado inspirado en la colonia, a juego con las sillas en madera y lona. Se aprecia el piso que en cerámica rústica, las líneas rectas de las puertas y ventanas suavizada a través de arcos integrado al trabajo de madera y al fondo a la derecha una de las puertas que conducen al corredor que bordea la vivienda.

  



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Créditos & citaciones.

Autor: Equipo de redacción, Manuelette Ramirez Bencosme.
Fecha de publicación: abril 1, 2012.

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