Muchos de nosotros nos hemos visto abocados a tener que “tratar” con los famosos estudios de impacto ambiental, que se han puesto muy de moda en estos últimos tiempos. A menudo los hemos enfrentado como una traba más a nuestro quehacer profesional, sin percatarnos del verdadero valor que este tipo de procedimientos representa a corto, mediano y largo plazo.

¿Pero qué son los estudios de impactos ambiental ? ¿Para qué se usan? ¿Qué hay detrás de ellos?

La frase “Estudios de Impacto Ambiental” encierra tres conceptos de gran importancia:

Estudio
Primero está la palabra “estudio”, que implica una serie de acciones tendientes a entender, investigar, discernir y abstraer lo más importante de un problema en particular. Para nosotros como constructores, esta palabra no resulta extraña, pues de una u otra forma estamos acostumbrados a ella en nuestro trabajo: hablamos continuamente de los estudios de prefactibilidad, de factibilidad y de precios. Al escuchar la palabra “estudio”, nuestra mente reacciona instintivamente y crea un concepto predeterminado relacionado con el significado del término.

Impacto
La segunda palabra, “impacto”, por su parte implica una condición de cambio – quizás súbita – producida por una acción en particular. Cuando la pronunciamos nuestra mente asocia directamente este concepto como una situación incómoda, indeseable, o molesta. Sin embargo, un impacto no necesariamente conlleva un cambio negativo de las condiciones iniciales.

Nosotros como constructores hemos estado hasta cierto punto “condicionados” a lo largo de nuestra formación profesional a causar deliberadamente este tipo de “modificaciones” para sacar provecho de una condición dada: Cambiamos la concentración de los elementos en el agua para transformarla en potable; modificamos la topografía de una región para hacerla habitable, alteramos los recursos de los ríos para hacerlos navegables, etc.

Ambiental
La tercera palabra, y probablemente la más importante, es “ambiental”. Al escucharla nuestra mente la asocia con la naturaleza: los bosques y los animales. Esta situación, a pesar de ser correcta, no es completa, pues la concepción de ambiente va más allá de lo meramente natural. El ambiente involucra las partes abiótica (que usaulmente se le conoce como el ambiente natural, formado efectivamente por las plantas y los animales), el ambiente físico que nos rodea, y humana ( que incluye las relaciones creadas por el hombre). Quizás la parte más importante de este concepto es la interacción que ocurre entre estas tres partes constitutivas del ambiente, por lo que cualquier modificación en una de ellas podría fácilmente implicar una serie de alteraciones en las otras dos.

Los estudios de impacto ambiental abarcan, entonces, una serie de análisis de las modificaciones que una o varias acciones pueden producir en las distintas partes que conforman el ambiente. Este tipo de estudios pueden entenderse también como una evaluación holística de estas acciones, donde se sopesa sus probables consecuencias y propone posibles soluciones para anular, mitigar, o compensar los efectos indeseados. De esto se desprende que los estudios de impacto ambiental deben ser realizados por un grupo multidisciplinario de profesionales, que estén en la capacidad de entender las partes constitutivas del ambiente por separado y en forma global, estableciendo las interacciones que ocurren entre ellas.

¿Cuáles son las ventajas de los estudios de impacto ambiental ?
Para todos aquellos que no nos hemos detenido a analizar técnicamente los desastres, como los provocados por las construcciones de algunas carreteras y los cortes de energía eléctrica, a causa de los bajos caudales de los ríos, por citar solo algunos ejemplos, podemos intuir que este tipo de fenómenos no se dan por pura casualidad, sino que tuvieron sus orígenes en acciones humanas realizadas sin pensar en lo que éstas podrían conllevar en el futuro.

Uno de los objetivos de efectuar estudios de impacto ambiental es precisamente el inferir los posibles efectos futuros que una acción realizada en el presente pueda ocasionar. De haberse efectuado estudios ambientales para algún proyecto hidroeléctrico, por ejemplo, tal vez se habría determinado lo poco conveniente de realizar un proyecto de este tipo en una cuenca deteriorada y quizás se habría postergado su ejecución hasta efectuar acciones de rehabilitación de la cuenca, de control de sedimentos y de reforestación. En el caso de la construcción de una carretera, la aplicación de sugerencias de orden ambiental podría evitar algunos desastres (pueblos desaparecidos por avalanchas causadas por la construcción de carreteras, lagunas desecadas por el aumento de sedimentos, etc.), cuyo remedio costaría al país mucho dinero.

Pero, si son tan buenos los estudios de impacto ambiental, ¿por qué resultan tan fastidiosos y nos hacen perder tiempo en nuestras actividades de construcción?

La razón para esto es simple: porque se hacen a destiempo, y como una actividad “accesoria” a todo el proceso y no como un instrumento de planificación.

  

Esto produce una serie de inconvenientes, puesto que en la mayoría de casos los estudios ambientales (usualmente requeridos por las instituciones crediticias) se realizan una vez que los diseños definitivos de los proyectos han sido concluidos, por lo que cualquier sugerencia o modificación ambiental conlleva necesariamente el retraso de las obras.

En ocasiones ocurre que ya se han iniciado los trabajos de construcción cuando recién los estudios ambientales han sido aprobados, por lo que se genera una serie de situaciones inconvenientes, de las cuales las más extremas son: la suspensón de la obra -con la consiguiente pérdida para el constructor-, cuando se ha descubierto que las acciones por realizar pueden causar impactos negativos irreversibles, y la continuación de los trabajos con el consiguiente deterioro ambiental.

Ninguna de las dos situaciones son buenas, pues en el primer caso, será el constructor quien tenga que enfrentar las consecuencias de un paro de actividades, y en el segundo, será el país que, a la vuelta de un par de años, tenga que “vivir” con los problemas ambientales causados por haberse ejecutado una obra “sin previsión”, o tenga que invertir grandes sumas de dinero para remediar el daño ambiental causado.

La solución entonces, es simple: realizar los estudios ambientales a tiempo, para aprovechar todas las ventajas que este tipo de procedimientos brinda, y evitar, de este modo, la postergación de las obras que, sin duda, son tan necesarias para el desarrollo del país.



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Créditos & citaciones.

Autor: Equipo de redacción, Manuelette Ramirez Bencosme.
Fecha de publicación: Febrero 4, 2012.

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