Deben exigirse garantías. Una de las clave para evitar un disgusto financiero es no dejarse tentar por los ceros de la cuantía de la operación. Un análisis previo del cliente es fundamental.
Los desequilibrios financieros no suelen solucionarse persiguiendo e intimidando a los deudores para que cumplan con su obligación. Es necesario anticiparse a esta situación y reducir de antemano el índice de impagados. El remedio más efectivo para evitar la morosidad es andar con pies de plomo antes de decidir la transacción comercial. Ya se sabe: más vale prevenir que curar. 

Si un cliente desconocido solicita sus servicios o le pide mercancía por un precio considerable, no se deje impresionar por los ceros de la cuantía de la operación y tome precauciones. 

Esquivar y escudarse frente a posibles deudores se consigue introduciendo en la gestión de la empresa mecanismos como el análisis previo del cliente y de la operación, documentar la deuda contraída y estipular unas garantías que le permitirán cobrar en caso de impago. Es imprescindible que realice un análisis previo del cliente para averiguar hasta qué punto es solvente. Recabe toda la información que pueda conseguir con respecto a su situación financiera. 

Si él no tiene objeción, solicite una declaración jurada de sus ingresos y su origen, un informe comercial de su solvencia o cualquier documento que aporte alguna referencia. Si pone objeciones, siempre puede recurrir a los registros públicos y privados, donde aparecen las cuentas de las empresas y de sus titulares y se pueden obtener datos sobre su solvencia. También es importante averiguar cuál es el patrimonio del cliente y si servirá para cobrarse la deuda en caso de insolvencia. Es mucho más sencillo cobrar cuando existen documentos en los que consta la existencia de la deuda. Si decide llevar hasta los tribunales a su cliente deudor, le servirán como pruebas a su favor. 

Cualquier venta de mercancía, suministro o prestación de un servicio debe formalizarse en alguno de estos documentos para reclamar con garantías el impago: 

* Contrato: es un documento válido siempre y cuando se expresen con claridad las obligaciones del deudor, sus cláusulas y las garantías complementarias. 

* Reconocimiento de la deuda: en este documento la persona reconoce ser deudora y se compromete a pagar una determinada suma. De esta forma, no podrá negarse a aceptar la existencia de la deuda en el caso que se recurra a los tribunales. Se puede formalizar como documento privado entre las partes o en escritura pública. 

* Letra de cambio: es una especie de carta que firma el deudor, dirigida normalmente a una entidad bancaria, en la que le pide que pague una suma en una fecha concreta a la empresa acreedora. El firmante de la letra se hace responsable del pago de la deuda. La letra de cambio ofrece una ventaja: en caso de impago se puede solicitar un juicio ejecutivo, que es más ágil y rápido que los ordinarios.

* Facturas, recibos y albaranes: son otros de los documentos que pueden utilizarse como prueba en el caso de tener que llegar a los tribunales.

Un refuerzo

 
Es interesante tomar alguna de las siguientes medidas para reforzar la responsabilidad del deudor:
* Los bienes que pueden servir como garantías (objetos de valor, sumas de dinero, casas) que el deudor entrega al acreedor como garantía de que cumplirá su obligación. Si no cumple con los pagos, estos bienes pasarían a ser propiedad de la empresa. 

* El aval: cuando la empresa suministradora exige al comprador que un tercero, fiador o garante ajeno a la transacción, se haga cargo de los pagos del deudor si éste no lo hace. En caso de impago, el acreedor siempre tendrá que reclamar en un principio al deudor y, en caso de que se demuestre su insolvencia, pedir responsabilidades al avalista. Si se exige y pacta un aval de forma solidaría, el acreedor podrá dirigirse indistintamente al deudor o al garante. 

* La prenda y la hipoteca: garantizan el pago con propiedades del comprador. La prenda recae sobre bienes muebles y la hipoteca sobre bienes inmuebles.



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Créditos & citaciones.

Autor: Equipo de redacción, Manuelette Ramirez Bencosme.
Fecha de publicación: febrero 24, 2012.

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